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domingo, 15 de diciembre de 2013

Amor incondicional

"...Fueron felices y comieron perdices"

¿A dónde van a parar las promesas infinitas?
¿Y los amaneceres compartidos?
 ¿Y las patologías de amor
¿Dónde reside la ilusión cuando se va?
¿Y las ganas de amar?
¿Y los escalofríos que estremecen?

Anoche soñé que te mudabas a mi ombligo para siempre y me acordé de la carencia humana de conocer, ilusionarse, amar y desa(r)mar. ¿No decimos que los cafés compartidos son más cálidos? Habláis del amor como si fuerais extranjeros y después afirmáis tenerlo en todas vuestras arterias.
 Ingenuos.
El amor y el amar hay que cuidarlo, coserlo, cosecharlo, aprenderlo, curiosearlo y hasta sufrirlo. Hablo de amar incondicionalmente a alguien. De sentir instantes de inmortalidad. De no tener fuerzas para rendirse. De no poder aguardar tanto en un solo pecho. De morir en la idolatría de alguien. De curar y amarrar. De dar sin tener la necesidad, mas que la existencia de una persona, de recibir.

Pablo Neruda escribió una vez algo parecido a que si nada nos salva de la muerte que al menos el amor nos salve de la vida. Salvar vuestras vulnerables y frágiles vidas recubiertas de cemento amando y siendo amados, sentir el amor incondicional e invitarle a que se hospede en vuestras vertebras.

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