We could be heroes just for one day.

jueves, 25 de abril de 2013

El que ama gana siempre. Antonio Gala.



Siempre te extrañó la rotundidad con la que anunciaba mi compromiso, con la que mostraba la plena intención de vivirnos desde la transparencia propia de una entrega ingrávida, absoluta,  incluso  el contorno de los instantes con la prisa del sediento y ante tu perpleja mirada madejeaban mis dedos entre los encuentros tan claros, tan honestos, tan apegados a lo esencial para decirte una y otra vez que no podía quererte más, no sabía, no era capaz, no disponía de un espacio infinito, ni podía ensanchar más la noche,   pero sí la de amarte cada día mejor, como si se tratase del único posible, de ese momento de oro que nos concede, extrañamente, en contadas ocasiones, la plena felicidad,  y sabe dios, que así lo hice. Tú, en cambio,  sí conseguías enredarme en el doblez de tus días con mayor cordura y con un tacto abrumador a medida que permitías la porosidad de mi alma. Tu ternura se transformaba continuamente en  gestos cálidos, esos tan necesarios para sentir que la vida merece la pena y cuánto mejor me dejabas mostrarte la admiración desprendida por tu infinita benevolencia y tu implacable calma, más penetraba el consuelo de unas caricias anheladas y que estuvieron vetadas en un pasado por las sombras de la renuncia y  de una generosidad negada.

Consentiste mis extensos besos adornando tus entrañas, tus silencios protegiendo la sabiduría de lo  oportuno, rozaban tus palabras mis noches y se entrelazan los pies con el ímpetu con el que brotan las hortensias. Nos asomamos a nuestros misterios, a todas nuestras tentaciones para descubrirnos en una gloria repleta de complicidad, desnudamos nuestros pudores y nuestras gargantas para inventarnos el mundo, para sentir nuestros latidos al ritmo de un solo corazón y siempre reposando mi vientre en tu espalda.

Difícil la coherencia entre pensamientos, quehaceres y sentimientos cuando se desmoronan todos aquellos motivos que nos hacían singulares, imprescindibles, extraordinarios, amables.

Se me quiebra el tiempo de los abrazos sin saber cómo seguir sin nombrarte, sin tener el privilegio de cuidar eternamente de nuestros pasos, desdibujado el paisaje de la tenacidad y la compasión, hace mella el  profundo vacío, el desgarro cotidiano, consciente de que en un futuro volverán los amaneceres desprovistos de rabia y de que los sueños esperanzados extinguirán tanta inquietud, pero mientras tanto ¿cómo huir de los olores embarazosos, del vaivén del desencanto, del llanto amargo de la desdicha, de tu ausencia arañando los regazos?

Y sin embargo me queda el océano de tus recuerdos apurando secretos, la memoria tirando de la respiración en cada esquina, estas lágrimas de papel por nuestra leyenda de amor, porque todo el espectáculo de la vida estaba en ti.  

 Ángela G. Llorente
23 de abril de 2013

 

 (Javier poseía una sola vida, conformando parte de su presente y de su futuro, Ana, Raúl  y yo)



CARTA DE AMOR



 Esta es una carta de amor

tan confusa y tan profunda

como, por ejemplo, el bosque

o la oscuridad nocturna.



Mi corazón late con fuerza

para llamar a tu puerta

y tú me dejas entrar.

Porque sin ti no quiero estar,

Sino mucho más contigo.



Esta es una carta de amor

tan confusa y tan profunda

como, por ejemplo, el mar

o incluso todavía más.



(Jürg Schubiger)



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